¡Lo enseñé a volar!
Enseñar a mi hijo a volar no fue lo difícil. Lo complicado fue explicarle el viaje de la vida.
Esto de criar no es fácil. Por eso mi admiración y respeto a los que crían más de uno. Les cuento que fueron incontables las veces que pensé tirarme de la escoba. Oh sí. Cuántas veces cuestioné si lo estaba haciendo bien. No tienen idea del trabajo que me daba despegar en esto de ser mamá de un niño tan increíble como el mío. Pero hay algo en esto de ser mamá que te impulsa y, aun muchas veces con el viento en contra, te obligas a levantar vuelo. Y cuando entendí cuánto dependía de mí que aprendiera a volar, emprendí un vuelo del que nunca me detuve.
Desde acá arriba comencé a mostrarle la vida tal cual. Hoy, a horas de su graduación de cuarto año, inevitablemente me pasa la película de toda su niñez por mi mente. Podría mirar atrás y enfocarme en todas las conversaciones con maestros, terapias, preocupaciones, preguntas, noches sin dormir, preguntas para la que no tenía contestación. Pero ahora me percato que eso es lo menos que importa. Es lo menos que ocupa espacio en mi mente en este momento. Lo maravilloso de este viaje enseñando a mi hijo a volar, a prepararse para el mundo, fue todo lo que aprendí de él. ¡Qué sorpresa me tenía guardada Dios en mi hijo! ¡Qué bueno que lo descubrí! Dios me tiene que amar demasiado para haberme escogido como su mamá. Hoy agradezco ese vuelo con él. Agradezco cada viaje y cada turbulencia porque me hicieron más fuerte y con esa fortaleza pude criar a un buen ser humano.
Qué afortunados hemos sido porque tenemos amigos de verdad que siempre han estado ahí. Algunos se han subido con nosotros a la escoba y han apoyado en la crianza. Otros se bajaron porque su parte en nuestras vidas terminó.
Pero lo más difícil no fue enseñarlo a volar. No puedo quitarle mérito a su papá que es el mejor del mundo. Tampoco a mis papás que nos dieron la mano siempre buscándolo al colegio y carreteándolo a sus cosas. Ni a mi jefa y amiga que siempre me dio el espacio para atender y no perderme ningún momento de la vida de mi hijo. Tengo que agradecer a sus maestros que tuvieron la paciencia y el amor del mundo para educarlo. A Vanessa, la consejera del colegio que nos dio luz tantas veces. (Gracias por querérmelo tanto). A personas de los scouts que lo impulsaron a creer en él. En fin, no estuve sola en este vuelo, por eso lo difícil no fue enseñarlo a volar. Lo complicado fue explicarle el viaje de la vida. Un viaje del que ya ha aprendido y ha experimentado cosas y situaciones difíciles. Por eso también doy gracias porque inicia un nuevo viaje con experiencias importantes.
Hoy estoy muy feliz del hijo que sigo criando porque aun es menor de edad y eso él y yo lo tenemos presente. Pero a pesar de que inicia nuevos retos con todo lo que pueda implicar, a mi me queda la gran satisfacción de haberlo enseñado a volar. Por eso sé que va con todas las herramientas que necesita para emprender un nuevo vuelo. Pero esta vez, desde su propia escoba.
PD: Te amo tanto Sebastián. Recuerda siempre, siempre, siempre lo que te decía cada mañana al salir a la escuela: “Si eres capaz de verlo en tu mente, eres capaz de hacerlo realidad”. ¡A volar!
Me has hecho llorar en esas estoy con con dos de mis hijos. No es fácil pero se puede. Felicidades a ambos.
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