La gran inundación que me hizo feliz

Hace dos años me propuse intentar ser feliz. Pero feliz de verdad. Comencé a retarme en los momentos difíciles y, de alguna forma, me obligo a recordar mi pacto de buscar ser feliz ante lo que me sucede y lo que vive mi familia. He leído mucho sobre lo que es la felicidad, cómo buscarla, cómo generarla, cómo compartirla. De más está decirle que la vida se dispuso a probarme como nunca y, desde entonces, me pone cada prueba que ni les cuento. Pero yo voy a insistir en ser feliz porque ante las opciones que tiene mi familia en este momento, es la más que me convence para poder aceptar lo que nos ha tocado vivir y poder ser útil. Esto reconociendo y aceptando que la felicidad no es la ausencia de problemas, más bien, cómo enfrentamos esos problemas.

Dicho esto, nada que no traiga felicidad a mi familia en este momento tendrá espacio en mi vida. Y los que traten de importunar nuestras vidas, sentirán el sabor del desprecio, pero serán felizmente despreciados.

Si no vienes a aportar felicidad a mi familia, serás felizmente despreciado.

El pasado martes, ya lista para cenar y sacar un ratito para ver alguna película con la satisfacción de que había tenido un día muy productivo, la vida decidió poner a prueba mis intentos de felicidad. Por un descuido, la llave del lavamanos del baño del pasillo se quedó abierta y la casa se llenó toda de agua. De lo que tuve que botar no quiero ni acordarme. Ni con el huracán perdí tanto. Pero lo material se recupera. No será pronto, pero eso es lo de menos.

En medio de la inundación tuve unos minutos de rabia de esos de los que eres capaz de golpear al primero que te diga esas cosas que joden como “tómalo con calma”. Pero algo bueno pasó, antes de que se me ocurriera maldecir, recordé mi propuesta de no dejar que nada que no traiga felicidad arruine mi vida. Así que me dije, ¿cómo carajos hago de este momento uno feliz cuando son las 7:00 de la noche, tengo que botar tantas cosas, estoy cansada, tengo hambre, mi familia no ha cenado y ya estaba bañada? Respiré y decidí organizarme. Pero primero puse música, cenamos con todos los pies sobre el gran charco de agua, forcé una conversación sobre cómo habíamos pasado el día y recordé un vinito que tenía guardado para una ocasión especial y, ¿por qué no? era una ocasión especial. Bien especial si definía especial como algo grande e importante que puede generar emociones.

La casa se inunda pero primero cenamos.

Ya fregados los platos y recogida la cocina iniciamos el proyecto de sacar agua. Tres horas nos tomó el proyecto. Dentro del revolú de sacar y mover muebles, propicié conversaciones sobre política, planes de vacaciones, nuestra próxima salida en familia, en fin, mi familia se dejó llevar y culminamos cansados, pero relax. Ya pasó y se resolvió. No cuestioné a la vida por qué había pasado esto. Hace dos años dejé de cuestionarle a la vida que no es muy buena respondiendo.

Esa noche me fui un rato a la hamaca y, ya relajada me sentí orgullosa de cómo manejamos algo que en otro momento, hubiera sido una crisis familiar de maldiciones, culpas y enojos (porque es que me gasto un carácter del coño). Validé lo poderosa que es la mente y lo importante de persistir en lo que se desea. Y yo deseo como nunca sacar de mi vida y la de mi familia todo lo que no traiga felicidad y convertir las cosas difíciles en oportunidades. Al otro día la casa se sentía fresca. Decidí que las alfombras que se mojaron no hacen falta, que hasta el espacio en que estaban se ve mejor sin ellas. Aproveché y cambié algunos muebles y hasta me gusta cómo quedó la casa después de la gran inundación.

A pesar de que sé que vendrán momentos bien difíciles y de que no faltarán las personas bien pendejas que provocarán sacudidas en mi carácter, voy a insistir en mi propósito. Me recordaré todos los días que yo vine a ser feliz y hacer que los míos sean felices. Que la vida es un ratito y que esas tres horas sacando agua, no se perdieron porque en lugar de enojarme o llorar, aproveché para conversar con mi familia. Y que no habrá inundación, ni pendejaces materiales que me roben la paz. Que si algo me va a quitar la felicidad no serán las cosas que puedo controlar. Leer sobre la felicidad me ha ayudado mucho. Tengo ante mi un gran reto, porque como dije, me gasto un temperamento del carajo y soy de las que prende de un maniguetazo. Tengo el genio de los Burgos pero lo he ido domando.  Me probaré un día a la vez hasta que me acostumbre. Ahora a poner de mi parte para no maldecir cuando llegue la factura del agua.

 

2 thoughts on “La gran inundación que me hizo feliz

  1. Me encantas … gracias por ordenar y poner palabras a nuestros pensamientos y vivencias en común. Al leerlas me siento desahogada porq simplemente eres un reflejo de todos nosotros…expresas nuestro sentir y viéndonos del otro lado podemos entender muchas cosas… GRAX

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