Suelo frecuentar un supermercado y, últimamente coincido con los mismos empleados. Son amables y buena gente los muchachos. El único inconveniente es que, por alguna razón, parece que, mientras en casa me enseñaron a referirme a los adultos como señor o señora, a ellos los enseñaron a referirse como doña o don. Hoy tuve la oportunidad de conversar con ellos sobre el tema, por no decir que me armé de valor y los enfrenté aprovechando que tenía que esperar en lo que verificaban el precio de unas pasas que compré.
Así que, muy alegre y “cool” le pregunto al que me terminaba de empacar la compra, que ya me había dicho doña antes y hoy me lo volvió a repetir, “¿Le dices doña a todas las señoras?”, la cajera se rió (pero una de esas risas que significan “te lo he dicho”. Eso me dio fuerzas para continuar mi interrogatorio). “Porque fíjate, para mí una doña es como que una señora bien, pero que bien mayor. “¿Crees que soy un señora bien mayor?”. Medio pasmao me dijo “Es por respeto”. Respiré y sonreí tratando de mostrarme chistosa y agradecí no decir lo que estaba pensando. Entonces le dije “No pasa nada. Son cosas mías. Es que me llama la atención porque de donde yo vengo, las doñas son bien mayores. Pero relax”.
La cajera salió en mi defensa argumentando con un “es verdad. Eso de doña es para la gente mayor y a ella todavía le falta”. (Debió decir le falta mucho pero lo dejé ahí. No era para tanto). Nos miramos los tres pero era evidente mi satisfacción. Estaba feliz porque llevaba tanto tiempo con las ganas de decirlo y por fin lo hice y creo que le quedó claro que “todavía me falta, como dijo la cajera”. Sin embargo el sabor del triunfo me duró poco. De la nada otro empleado preguntó: “¿Para quién son las pasas?”, y la empleada que las envío a buscar dijo, con un tono que se escuchó en medio supermercado, “para la doña de la caja 6”.
Pensé decir que no las quería. De alguna forma sentí que las benditas pasas me arruinaron el momento. Así que, con mi frente en alto, pagué las pasas, seguí sonriendo como si no fuera conmigo la cosa y llegué a casa. La verdad es que venía riéndome sola por todo el camino pensando en el “bueno que te pase”. Al rato de haber llegado acomodé las pasas y logré hacer de la experiencia un momento gracioso. Se me ocurrió decir en voz alta a la caja de pasas algo como “yo seré una doña, pero las arrugadas son ustedes. Que bueno que hay gente que no las soporta en los pasteles”. Me sentí tan bien. Pero como no soy rencorosa, un rato más tarde me fui a ver televisión y me comí una cajita. Me encantan.
👍🏽
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