En estos días tuvimos que llevar a mami de emergencia al hospital donde terminó con una operación que, definitivamente cambiará su vida y la nuestra. Afortunadamente, dentro de todo, está bien. Positiva y esperanzada como siempre ha sido. Tener a una persona en el hospital en este momento es una de las peores experiencias que se puede vivir. Más aún si esa persona es tu mamá que, de paso, está encamada. Y no me refiero al trato o servicio médico. Esta vez fuimos afortunados y mi mamá recibió un servicio de excelencia y digno de una paciente en su condición. Me refiero a los protocolos por el COVID-19.
Para una familia tan unida como la mía, fue terrible que nos limitaran la entrada y, por lo tanto el cuido de mami a una persona por habitación y solo dos personas por día. O sea, turnos de 12 horas si queríamos que estuviera con nosotros todo el tiempo lo que, en su caso, era lo mejor. Y esto no es una crítica. Todo lo contrario, lo entiendo y respeto. Es parte de lo que nos ha tocado enfrentar. El día de la operación fue el peor. Primero porque no contábamos con un procedimiento quirúrgico complicado y, segundo, porque solo uno de nosotros podía estar con ella hasta dejarla en la entrada de la sala de operaciones. Y eso, de momento, no era un gran asunto. Lo difíci fue verla atravesar la puerta, que te dijera unos minutos antes que estaba asustada, mantener la calma para que ella estuviera tranquila y una vez cruzó la puerta…ese fue el momento más terrible. Literalmente me dejé caer y me senté en el suelo sin tener a quién abrazar, con quién compartir mi angustia. Los que me conocen saben que no soy buena con los abrazos, pero en ese momento me hubiese dejado abrazar hasta de mi ex. Y eso es mucho decir.
Una vez respiré, me levanté para enfrentar el escenario de varias sillas despegadas y cuatro personas también solas esperando noticias de sus familiares que seguían en la sala de operaciones. Nadie hablaba, lo que para una persona tan comunicativa como yo fue peor. Casi dos horas más tarde mami salió bien de la operación y, desde entonces preguntaba por toda la familia. Familia que solo podia ver en vídeo llamadas.
Jamás me había bañado tanto en toda mi vida como estos días con mami en el hospital. Y además de lamentarme por tanto baño y tanto lavarme y secarme el cabello, inevitablemente pensé hasta cuándo estaremos así. ¿Qué más, a parte de que aparezca una vacuna o medicamentos podemos hacer para tratar de regresar a una nueva norma en la que no tengamos que sacrificar actividades tan importantes como estar con tu mamá en momentos difíciles en los que se juega la vida? ¿Seguirá siendo así? ¿Y si mañana le toca a mi hijo? ¿Si me toca a mí? ¿Tengo que dejarlo solo? ¿Me voy a quedar sola? ¿Qué más puedo hacer como ciudadana para ayudar o facilitar que esto termine? Y así tengo miles de preguntas más que seguramente no tendrán contestación. De momento me place y me tranquiliza saber que hacemos lo que podemos y más para tratar de darle una calidad de vida a mami como se merece aún dentro de las circunstancias. También me place y me tranquiliza saber que, como ciudadana, hago lo que me toca y cumplo con mi parte para no sentirme responsable de los aumentos en contagios.

Por aquí dejo este escrito sin ninguna otra intención que no sea botar el golpe de unos días intensos y tristes. Pero si de paso ayuda a que entendamos que si no nos cuidamos no habrá forma de que medidas como la de los hospitales se flexibilicen, pues mejor. Porque para el paciente es terrible estar enfermo y solo, y para el cuidador es humanamente fuerte y agotador. Mami ya está en su casa. Hoy saco la escoba y doy una vuelta por el patio con una copita de vino para recuperar fuerzas para lo que sigue. Y ustedes, juiciosos con sus vuelos. Yo sé que se cuidan.