
Lo sé. Los tengo en el olvido. No tengo justificación que no sea que a veces la vida es tan… pero aquí estoy de vuelta. Celebrando la vida y montada en mi escoba. ¡Qué felicidad! No he parado de agradecer las muestras de felicitaciones por mi cumpleaños. Qué mucha gente buena he conocido en los años que me ha tocado vivir. Son 47 años y sí, me siento de 47.
¿Y cómo se siente una mujer de 47 años? ¡Estupenda! ¡Maravillosa! Con unas ganas de vivir como nunca. Ahora es que la vida se pone buena. Definitivamente los años te dan otra perspectiva de vida.
A esta edad te sientes tan viva, tan no me importa lo que digan los demás, tan clara de que la vida es un ratito, tan qué bobos los que se preocupan por todo, tan si no me quieres acompañar jódete, tan voy a tomar vino el día de la semana que me de la gana y cuanto me de la gana, tan me meto en la playa con el traje de baño que me de la gana, tan mírame que el que ve es el que sufre y el que toca es el que goza, tan libre para ligarme a Chayanne y que el mundo lo sepa, tan sabia como para saber a quién mandar al carajo y escoger el momento perfecto para hacerlo, tan convencida de que es mejor sacar de tu vida a los flojos de espíritu, tan feliz para cantar mientras empujas el carrito del supermercado, tan segura como para gritarle al vecino a la 1:00 de la mañana que recoja al gato que se te sienta en los putos muebles del patio y por la mañana saludarlo como si nada, pero saludarlo de corazón, tan clara de que resolverás los asuntos pendientes (bien clara), tan segura como para estacionarte frente a una casa cualquiera y llamar a la dueña para que te regale un hijo de una mata y ponerle conversación e incluirla en tu lista de amigos. En fin, te sientes tan libre, tan agradecida, tan de 47, tan “¡vida quiero más!
No me quejo. Desde que aprendí que soy la responsable de mi vuelo valoro más este viaje desde mi escoba. Estos 47 años me han enseñado que, desde arriba, definitivamente el mundo se ve mejor. ¡Por otros 47 vuelos más llenos de tan, tan!