¿Todo bien con su orden?

Soy de esas personas que suelen hacer varias cosas a la vez.  Hasta puedo manejar diferentes situaciones al mismo tiempo. Creo que es una habilidad que se desarrolla y, bien manejada, puede ser de beneficio para una profesión como la mía. ¿Cómo lo haces? Es la pregunta que más me hacen. Y no tengo una respuesta. Ya es costumbre. Hasta pienso que me aburriría si tuviera que hacer una sola cosa a la vez.

Puedo redactar un comunicado de prensa mientras cuelo café y alguien me pide un consejo por teléfono. Igual puedo ayudar a mi hijo con una tarea mientras me pasan un blower y tengo la comida en la estufa y veo las noticias.  Como ven, no son súper poderes o magia, pero sé de casos de personas que necesitan hacer una tarea a la vez. Y no está mal. El punto no es resaltar cómo manejo mis habilidades, más bien de establecer un asunto que pone a prueba mi capacidad de hacer varias cosas a la vez.

Antes de traerlo a la discusión, es importante que sepan que, además, soy de esas personas que andan súper organizadas y no es opción eso de arreglar o acomodar algo “después”. Si algo está fuera de lugar, lo tengo que arreglar en el momento. Por ejemplo, las toallas de la cocina tienen un lugar fijo y siempre están puestas de la misma manera, no pueden estar mal colocadas porque si 20 veces paso y me fijo que están fuera de lugar, 20 veces me detengo y las acomodo. Pues algo así me pasa con el menudo que me sobra, el cual va dentro de un monedero y no fuera, no importa las circunstancias ni la prisa.

Dicho esto, aquí el tan esperado asunto. Esto de las filas para pedir por un servi carro no se hizo para personas como yo. Particularmente esas donde toman el tiempo en el que procesan la orden y casi te tiran el pedido y el cambio para cumplir con el tiempo que establecen para atender a cada cliente. Ya bastante presión tengo cuando llega la hora de pedir y, entre una pizarra con decenas de opciones tengo que elegir una en tiempo récord. O sea, esas pizarras cada vez tienen más información y personas como yo quisieran leer bien todas las opciones. ¡Me gustaría tomarme mi tiempo para leer hasta las calorías que tiene cada comida sola o en combo! Pero no, cuando comienzo a leer la persona al otro lado ya está cuestionando si hay alguien frente a la pizarra o si es que tiene problemas con el sistema. Luego de pedir, y pagar en cash, entonces llega el momento más temido: la entrega.

En cinco segundos te dan la comida, el refresco, el recibo y el cambio con la expectativa de que arranques para atender al próximo. ¡El cambio! Una persona como yo necesita buscar un lugar seguro dentro del carro para la comida, hacer espacio en el cup holder que siempre tiene de todo menos botellas o vasos, y el cambio lo tengo que poner en el monedero de la cartera, en el momento en que lo recibo. Eso sin contar si el cambio incluye billetes, los cuales también tienen su lugar en la cartera. Y esa es la parte que no puedo manejar porque la cara del que me atendió ya me está indicando que me debo mover o llega la pregunta: ¿todo bien con su orden? Pero cómo va a estar todo bien con mi orden si tengo el refresco todavía entre las piernas, la comida virándose en algún lugar de la guagua, la presión de que me tengo que mover, la duda si la orden está completa y el menudo…ay el bendito menudo ya está regado por toda la cartera y en el piso. Por eso es bien raro que continúe mi marcha feliz, porque una persona como yo se detiene en el primer estacionamiento a acomodar todo en su lugar y a recoger cuanto chavito cayó en el piso y regado dentro de la cartera para colocarlo en el monedero. Imagínense. Eso es cuando ando en la guagua, no me quiero imaginar en esa fila cuando voy en la escoba. Logrado eso, estoy lista para continuar. Luego llego a mi destino, disfruto la comida y se me pasa hasta la próxima vez que me toque regresar.

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