El karma no tiene delegados

En estos días compartí un meme de una brujita que decía : Soy una bruja, yo no espero por el karma. Confieso que me dio mucha risa compartirlo y disfruté con las reacciones de mis seguidores. Sin embargo, no sé por qué pensé en esa gente acomplejada que, solo porque los demás no piensan como ellos, o actúan de forma diferente, insisten en hacerle la vida de cuadritos solo para tratar de imponer sus opiniones. Claro, lo disfrazan con frases como “lo hago para darle una lección o para que aprenda”.

Por eso, cada vez que escucho a alguien decir que no va a ayudar a quien no piensa igual que ellos,  porque “a la gente hay que educarla o la gente tiene que aprender”, pienso que por alguna razón se sienten delegados del karma, de la vida, o hasta de Dios, para andar por ahí repartiendo lecciones o haciendo juicios. Creo que nuestro deber es hacer siempre el bien, sin importar cómo te han tratado los demás. Es bien difícil (y a mí no me tienen que convencer de eso), pero hay que tener la certeza de que de las malas acciones de los demás se encarga la vida o el karma, como lo quieran ver. Si algo pienso que es seguro, es que nadie, absolutamente nadie, se va de esta vida sin pagar. Confiar en eso me da paz.

El karma no tiene delegados.

Pero de ahí, a que algunos se sientan libres de pecado y con eso piensen que están destinados a joderle la vida a otros “para que aprendan”, porque se sienten delegados del karma, pues no. Así no es. A veces la mejor forma de educar es con nuestro ejemplo. No pagando con la misma moneda. Eso es venganza y la venganza es para los flojitos de espíritu, para los malaleche. La gente fuerte educa inconscientemente con el ejemplo porque no tiene el corazón lleno de veneno. Es un gran reto ayudar al que nos ha ofendido o habla a nuestra espalda (en eso soy una experta. Es bien difícil hacerle un favor a quien descaradamente te ha tirado a joder),  pero la gente fuerte de espíritu ayuda sin juzgar porque está clara de que esa no es una función que se les asignó. Vinimos a este mundo a hacer miles de cosas, pero a juzgar y a imponer condenas a los que pecan diferente a nosotros, a eso no. Claro, tampoco va a andar por ahí como el más pendejo ayudando a cuanto tráfala le jode la vida. Pero usted sabe a lo que me refiero. Hablo de esa gente que frecuentemente nos rodea, que evidentemente le va tirando piedritas en el camino y luego le soba la espalda como muestra de que “le está haciendo un favor para que aprenda”, lo que en su idioma se traduce, “para que pienses o actúes como yo”.

No sé si para mi fortuna o para mi desgracia, me rodean unos cuantos de esos que se creen los delegados del karma. Se pasean por la vida con un odio a la humanidad solo porque no pueden lograr “educar” a esos que, por alguna razón, los han ofendido. Esto, entendiendo que para ellos ofensa se refiere a aquellas acciones de otros que no me benefician a mí.

No se puede andar por la vida señalando y pidiendo justicia para otros solo porque no piensan como uno, o no ven la vida como uno,  o porque sus estilos de vida son diferentes.  Esos son los amargados con los que nos ha tocado compartir en esta vida. Porque de que nos toca un par de amargados a cada uno, nos toca. Con la mayoría de los que me asignó la vida yo me entretengo observándolos desde mi escoba. Me entretiene ver desde acá arriba cómo se toman en serio su auto denominación como delegados del karma. A una minoría la he ido sacando de mi vida. Que se vayan con su escuela a otro lugar.

Así que si usted conoce a uno de estos auto delegados del karma, retírese lentamente. Ellos pensarán que su retiro significa que aprendió la lección que, en su Manual de delegados del karma tenían para usted. Que se lo crean. Recuerde que la gente de espíritu fuerte no paga con la misma moneda. Eso es para los flojitos de espíritu. Luego que los saque de su vida siéntese con un vinito a ver cómo el karma les pasa factura por “falsa representación”.

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