No soy supersticiosa, pero por si acaso…

En estos días salí a compartir con unas amigas y algunas de nosotras colocamos las carteras en una silla que estaba vacía. Al rato llegaron otros amigos y hubo que liberar la silla en la que estaban las carteras.  Ahí comenzó el pugilato de qué hacer con las carteras porque algunas no las ponemos en el suelo pues “es de la mala suerte”. “Se sala”, decía mi abuela si se ponía la cartera en el suelo. Y aunque nos causó risa que pensáramos igual sobre este asunto,  y un poco coincidiéramos en que no es que seamos supersticiosas, si no precavidas (ja), ni pal cará las colocamos en el suelo. En mi caso opté por dejarla sobre mi falda un rato y las demás se arriesgaron a mover una silla de otra mesa, que, aunque reservada, aún no llegaba la gente. Ya al rato algunas de las personas de nuestra mesa comenzaron a entrar y a salir y aprovechamos para mover las carteras de silla en silla.

Esa situación me hizo recordar todas aquellas cosas que “por si acaso” evito. La verdad es que la influencia de mi abuela en estas cosas fue muy fuerte como para superarlas con facilidad. Además ya son parte de mi vida y no creo que cambie. Ella era supersticiosa. Pero no porque fuera supersticiosa es que le doy crédito, más bien porque era intuitiva y solía tener la razón en casi todo. Por eso, “por si acaso”, hago o evito cosas como las siguientes: (de las que recuerdo):

  • Si estoy sola en casa y escucho que alguien me llama, no respondo hasta asegurarme de que, en efecto, me están llamando. Ni idea de qué significa pero abuela me lo dijo, así que, por si acaso, no respondo.
  • En mi casa está prohibido decir la palabra diablo o mencionar culebra o serpientes. Solo porque abuela decía que en los hogares donde hay familia unida no se mencionan. Así que en mi casa usted puede decir todas las palabras malas que quiera pero, si menciona alguna de estas, es posible que me vea haciendo un gesto sacudiendo con las manos, como queriendo alejar el mal, o me escuchará decir “sú magnífica”, no sé qué quiere decir pero eso decía abuela y yo lo sigo repitiendo, por si acaso.
  • En todas las despedidas de año prendo incienso y justo a las 12, no importa donde esté, tiro un vaso con agua a la calle. Tan poco me pregunte qué significa. Lo hago por si acaso, ja. Pero creo que tiene que ver con algo de tirar lo malo del año que se fue a la calle.
  • Ese día de despedida de año coloco en mis bolsillos,  y si no tengo bolsillos, pongo dinero en mi brasier, no monedas, para que el nuevo año no me agarre pelá. También procuro que mi familia haga lo mismo. No para que sean prósperos, aunque se los deseo, más bien para que no me pidan prestado jaja.
  • No camino descalza fuera de mi casa, ni en la marquesina ni en el balcón, porque por los pies, decía abuela, se agarran las enfermedades. Soy de las que entra a la playa con “water shoes”.
  • Cuando las tórtolas cantan, salgo y las espanto. En dos ocasiones de muerte de conocidos, escuché a abuela decir que sabía que alguien iba a morir porque una tórtola llevaba días cantando. Recuerdo que una vez le pregunté sobre esto, asustada. Creo que fue para tranquilizarme que me dijo que, aunque significaba que alguien iba a morir, no aplicaba a gente de la familia. Lo sigo repitiendo: que no aplica a la familia. Eso para tranquilizarme cada vez que las escucho cantar.
  • Plantas vivas dentro de la casa. Las plantas vivas dentro de la casa atraen energía a la familia decía abuela quien tenía plantas por todos los rincones. También lagartijos pero, por si acaso, yo tengo varias plantas dentro de la casa. (Y un chorro de lagartijos).
  • Ni pal cará dejaba que me barrieran los pies, pues no me quería quedar soltera. Ahora me los barro yo misma. (Es broma). (En realidad ni tan broma, ja)
  • Cuando a alguien le caía caca de pájaro encima significaba que tendría buena suerte o se iba a pegar.

Así fue parte de mi crianza. Tuve una niñez divertida en el hogar de mis abuelos que vivían cinco casas más arriba de la mía. Dos ambientes totalmente diferentes con sus respectivos encantos. La única diferencia es que en la casa de mis abuelos había algo divertido y fascinante para mí.  Eran espiritistas. A mi me dieron una formación católica en mi casa y aun con toda la admiración hacia mis abuelos por su forma de vida tan hermosa, abuela siempre me instruyó a seguir las enseñanzas de mami. A pesar de que mis abuelos iban a un centro de espiritistas los domingos, y de que siempre quise que me llevaran con ellos, abuela nunca lo permitió. No por no querer. Simplemente siempre me dijo que debía hacerle caso a mi mamá. Que lo importante era que fuera a la iglesia. Me animaba a ir a la iglesia con mami y papi y se alegraba de cada logro y cada actividad en la que participaba. Así de grande era su amor por nosotros. Pero éramos demasiado cercanas e, inevitablemente, influyó demasiado en mí. Por eso, aunque no soy supersticiosa, por si acaso, tomo medidas para asegurar la buena suerte. Además creo que es una forma de tenerla presente.  Y como sé que está cerquita, la imagino riéndose de este escrito porque tenía un sentido de humor maravilloso. ¿Y ustedes, son supersticiosos, o como yo solo toman medidas por si acaso?

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