¡11 pasos!

Creo que todos, en algún momento, nos hemos topado con carritos de compra mal ubicados que no nos dejan entrar o salir de un estacionamiento. O peor, algunos hasta hemos sido víctimas de los benditos carritos mal puestos que nos han dejando marcas en los carros.

Pienso que las personas que dejan los carritos de compra en medio del estacionamiento o se las ingenian para acomodarlos entre los carros con tal de no llevarlos a las áreas destinadas deberían perder el privilegio de llevar la compra en los carritos. O se les debería pedir un ID para que puedan usarlos y tengan que devolverlos a su lugar.  Porque hay que ser bien mala gente, ser bien mal educado y carecer de destrezas de civismo básicas para seguir andando como si nada, sabiendo que ese carrito de compra entorpecerá a otra persona ya sea para salir o entrar al estacionamiento.  Mi abuela tenía una frase para situaciones como esta. Decía que “esas son cosas de no criarse bien”.

Hoy, por ejemplo, fui testigo de cómo una persona que andaba en una guagua con su silla de ruedas, pasó trabajo para bajar la rampa del vehículo porque había no uno, ¡tres! carritos de compra mal puestos bloqueando su puerta. ¿Pero saben qué fue lo peor de la escena? Que al otro lado estaba el área designada para dejar los carritos.

¿Qué clase de persona no puede dejar el carrito de compra a par de pasos de su carro? Porque si me dicen que es que van con prisa, que compraron algo de emergencia y el área para dejar los carritos estaba lejos, pero aún así procuraron dejarlo ubicado de manera tal que no fuera un problema, pues eso puede pasar. No lo compro, pero puede pasar. Todos tenemos situaciones. O que estaba muy oscuro y solitario y, como están las cosas, prefiere montarme en el carro e irse rápido, pero aún así intenta dejarlo en un lugar que no entorpezca, pues también puede pasar.  ¡Pero que el bendito espacio para poner los carritos esté al lado de donde estacionaron y aún así lo dejen tirado detrás de otro carro! Eso no tiene ni nombre, ni perdón. Creo que ese tipo de gesto dice mucho de nosotros.

Primero,  cuando no existían las opciones para dejarlos en el estacionamiento, los que tenemos algún grado de sensibilidad social, regresábamos los carritos hasta dentro del establecimiento si era necesario. Luego, los establecimientos designaron áreas en el mismo estacionamiento para colocar los carritos de compra y, aún así, una buena representación de consumidores que piensan que viven solos en el mundo prefieren amargarle la vida a los demás dejándolos a la deriva.

De más está decir que llevé el chorro de carritos a su área para que la persona pudiera bajar de su guagua. Literalmente me tomó 11 pasos hacerlo. ¡11 pasos! En ese momento sentí tanta vergüenza ajena. No hubo conversación entre nosotros. Solo me llevé los carritos, intercambiamos gestos y ya. ¿Qué se puede decir en un momento así que no sepamos?

Estoy segura que esa gente que deja los carritos tirados, son los que pueden estar horas en el supermercado, conversan con todo el que se encuentra y cuando van a pagar, le molestan las filas, ajoran a los cajeros y terminan la compra quejándose de la vida. Esa es la misma gente que da vueltas y vueltas en el estacionamiento porque seguramente no quiere estacionar lejos para no caminar mucho y las que, sin dudas, maldicen si no pueden entrar al estacionamiento que vieron disponible porque está lleno de carritos de compra. Claro, en ese caso prefieren buscar otro estacionamiento antes de bajarse y acomodar los carritos.   Todo eso pienso de esa gente. Hoy no me quedó duda.

Cuando dejé mis cosas en el carro, regresé a llevar una ropa al laundry y, de paso, me compré un helado, lo que me tomó como 15 minutos. De camino a mi carro, la persona en silla de ruedas venía de regreso al estacionamiento con un paquete pequeño.  “Qué rápido”, pensé. De camino se detuvo y, con dificultad, recogió algo que parecía un pedazo de cartón que estaba tirado en el piso y lo llevó a un zafacón. Ahí quedé destruida. Ese ser humano que dependía de su silla de ruedas para moverse se detuvo a recoger basura del piso, un acto que para mí dice tanto de una persona. Sin embargo, algunos de los que pueden mover un carro de compra, se les hace difícil tener un acto de gentileza social con el simple gesto de llevar el bendito carrito a su lugar. Nada, que es increíble reconocer que no todo el mundo tiene la capacidad social para dar 11 pasos y hacer una diferencia en la vida de alguien.

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