Tengo un problema con el control

Me niego a pensar que son cosas de la edad. Prefiero creer que es el ajoro de vida lo que hace que olvide muy rápido algunas cosas y confunda otras. Los que me siguen en Facebook seguro leyeron en estos días cuando compartí que por poco formo un revolú porque el aire de la casa no prendía. Resulta que no iba a prender porque estaba intentándolo con el control del televisor y no con el del aire. Al final me reí. Qué cará. No me quedaba de otra.

De las veces que voy de un lugar a otro de la casa para hacer algo y se me olvida lo que fui a hacer, ni les cuento.

Pero hoy boté la bola. Desde ayer tengo la guagua en el hojalatero y hoy mi papá me prestó la suya para ir al supermercado. La prestadita de la guagua viene con instrucciones específicas. “Cuidado donde te estacionas, donde la dejas, asegúrate que los cristales estén arriba cuando te bajes, sube la emergencia cuando te estaciones…”

Llegué al supermercado a comprar unas cositas para cantarle cumpleaños a mima (mi marido) y, al salir carrito y paraguas en mano por el tremendo aguacero que estaba cayendo, comencé a intentar abrir una guagua que no era la mía con la copia de mi llave.  Como obviamente no pude, decidí regresar al supermercado para pensar mejor, soltando el carrito y el paraguas. “Seguro es que el control de la llave está sin batería”, pensé. Y así, de lejos, insistía con el control con la esperanza de que finalmente abriera.

Ya con menos lluvia, regresé a la guagua. Esta vez sin el paraguas e intenté meterle la llave y abrirla manual. Imposible. “No puede ser”.  Miro la llave. Todo está bien con ella. Es mi llave. (Claro, pero no es tu guagua querida. Debiste comenzar por ahí).

Convencida de que algo tenía, y como comenzó a llover nuevamente, regreso a refugiarme en el supermercado decidida a llamar a asistencia en la carretera. (Porque no iba a llamar a mi papá que seguramente llegaba con un gancho de ropa o algo así para abrirla y me la dañaba. Porque de que resuelve, resuelve). Ya en este punto solo pensaba en el mantecado que había comprado para el cumple de mi marido.

Mientras buscaba en el teléfono el número de asistencia en la carretera, y el señor de los billetes me “animaba” diciéndome cosas como “seguro es algo de la tecnología y esas cosas salen caras”,  veo como llegó una persona, abrió la guagua, montó su compra y se fue. Ups. La guagua de papi estaba justo dos carros al lado. La verdad es que tengo un problema con los controles, pensé (porque recordé el incidente del aire). Nada, que al final le cantamos cumpleaños feliz a mi marido y servimos batidas de mantecado y, excepto que alguien de mi familia lea esto, procuraré que papi no se entere.

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