La vida es un ratito

Eso suele decir mi mamá para justificar que no se quiere perder ni un baile de muñecas, como dicen por ahí. Operada de una rodilla y apoyada de un andador y, en ocasiones de una silla de ruedas, no hay quien la haga quedarse ante la posibilidad de una salida, aunque sea a la esquina.

Siempre ha sido así. No importa si hay que limpiar, cocinar, si espera visita, ella no pierde oportunidad para decir “voy con ustedes”. “Pero mami, venimos rápido. Es a la farmacia que vamos”. “Pues voy con ustedes”, dice.  Y así llevamos toda la vida aunque se quede esperando en el carro.  De los insultos que nos ha dado cuando se entera que salimos a pasear sin ella, les cuento otro día. Pero les adelanto que en esas ocasiones elaboramos un plan para que no se entere pero,  al final,  siempre se le escapa a alguien y nos delatamos. Después nos toca cargar por meses con el: “Como a mi no me invitan. Como ya no quieren salir conmigo”. Y la culpa es terrible, ja.

Es andariega y se las ingenia para que el andador pase por donde no cabe. Y si no puede llegar caminando, pues que la empujen en la silla de ruedas, pero que no la dejen.  Nuestra vida en familia ha cambiado porque ciertamente hay que ir a su paso cada vez que salimos. Entonces papi quiere que ella se esfuerce y camine más rápido (porque la quiere ver bien), nosotros no queremos que papi la ajore, los nietos no quieren que le digamos nada a papi y así, en la pelea boba se nos va parte del viaje. Mientras, mami nos ignora a todos y simplemente disfruta de las salidas, para donde sea, pero que la saquen a pasear. Y disfruta como ninguno de nosotros. Se ríe de todo, le pone conversación al que sea, come de todo lo que le den.  Es feliz. Muy feliz. Disfruta de cada rato, aunque sea sentada en la marquesina de la casa con las vecinas. La amo tanto. A veces, cuando salimos de una cita médica, aún sabiendo que vamos a regresar a trabajar, pregunta, por si se le da: “¿Y ahora para dónde me van a llevar?”

Entonces, cuando entiendes que la vida es ese ratito que dice mami, ya no te quieres quedar. Te apuntas hasta para ir a jugar la Loto con papi.

Hoy, como quizás medio país, reflexionaba sobre lo rápido que va la vida. Sobre todo lo que uno quisiera vivir sabiendo que no hay garantía de un mañana. En ese momento le di gracias a Dios porque creo que mis hermanos, mis sobrinos y yo, captamos a tiempo el mensaje de mami. Por eso no perdemos oportunidad de disfrutar este ratito que nos queda. Cada vez que alguno de nosotros llama para hacer algo, cansados como estemos, salimos y nos juntamos. Eso se lo debemos a mami.

Hagan como mami y no se queden. Salgan a disfrutar el viaje aunque sea de aquí a la esquina. Porque parece que, en efecto, la vida es un ratito.

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